Parecía una rosa inofensiva, su belleza y olor reflejaban cosas diferentes a la realidad. Jamás creí que podría pincharme, pensaba que su amor la convertía en algo inofensivo, pero sólo para darme cuenta al final de que una rosa es una rosa, y si debe defenderse, nunca importará a quién le pese.
A pesar de correr riesgos, decidí intentar tomarla y guardarla como mi más grande tesoro. Ella no me dejó... lo único que hizo fue mostrarme sus afiladas espinas. Aún así la cogí; sus espinas (tan buenas para ella, y tan malas para mí) pincharon mis manos causando pequeñas heridas en mi piel que provocaban un dolor extraño, pues llegaba, en cierto punto, a ser placentero.
Me costó creer que un dolor, por pequeño y significativo que fuera, pudiera llegar a ser placentero. Y fue entonces que me di cuenta de lo que aquella rosa y el dolor que me causaba significaban... ¿cómo fue que no lo supe antes?
Aquella hermosa rosa... tan llena de fragante olor y de infinita belleza, representaba (por lo menos para mí) al amor. Muchas veces me dejé llevar por lo que aparentaba un amor encontrado; muchas veces creí que era lo que todo el mundo buscaba, el amor perfecto... pero después de un tiempo (y no precisamente corto), podía empezar a ver las afiladas espinas que yacían en su tallo... y podía también empezar a sentir cómo poco a poco iban abriéndose en mi piel pequeñas heridas, que por más que me causaran dolor, me gustaban, me causaban un dolor tan extrañamente placentero.
Sentía un dolor muy placentero, pero sabía que dolor es dolor, y que si lo sentía, era porque algo no andaba bien. Algunas eran pequeñísimas heridas, esas eran simples discusiones, comunes en todas partes... pero habían otras que no eran tan pequeñas, eran esas las que me decían a gritos que algo no andaba bien. ¿por qué no las escuché? ¿por qué me esforcé en mantenerlas vivas en mi piel? Concretamente no lo sé... pero sí tengo muy claro que no quería escuchar a nada ni a nadie; si yo me había ensañado con esa rosa, tenía que ser capaz yo misma de salir de ese embrollo.
Fue recién después de un año (¿pueden creerlo? ¡Un año entero!) de historias que vivían nada más que en mi cabeza, un año de historias inventadas, que logré dejar atrás esa rosa que en su momento me causó tanto dolor y placer a la vez.
Ahora, después de muchas heridas en mi piel, me doy cuenta de que cada rosa tendrá sus espinas, pero estará solamente en mí, decidir si dejaré que me pinchen.
A pesar de correr riesgos, decidí intentar tomarla y guardarla como mi más grande tesoro. Ella no me dejó... lo único que hizo fue mostrarme sus afiladas espinas. Aún así la cogí; sus espinas (tan buenas para ella, y tan malas para mí) pincharon mis manos causando pequeñas heridas en mi piel que provocaban un dolor extraño, pues llegaba, en cierto punto, a ser placentero.
Me costó creer que un dolor, por pequeño y significativo que fuera, pudiera llegar a ser placentero. Y fue entonces que me di cuenta de lo que aquella rosa y el dolor que me causaba significaban... ¿cómo fue que no lo supe antes?
Aquella hermosa rosa... tan llena de fragante olor y de infinita belleza, representaba (por lo menos para mí) al amor. Muchas veces me dejé llevar por lo que aparentaba un amor encontrado; muchas veces creí que era lo que todo el mundo buscaba, el amor perfecto... pero después de un tiempo (y no precisamente corto), podía empezar a ver las afiladas espinas que yacían en su tallo... y podía también empezar a sentir cómo poco a poco iban abriéndose en mi piel pequeñas heridas, que por más que me causaran dolor, me gustaban, me causaban un dolor tan extrañamente placentero.
Sentía un dolor muy placentero, pero sabía que dolor es dolor, y que si lo sentía, era porque algo no andaba bien. Algunas eran pequeñísimas heridas, esas eran simples discusiones, comunes en todas partes... pero habían otras que no eran tan pequeñas, eran esas las que me decían a gritos que algo no andaba bien. ¿por qué no las escuché? ¿por qué me esforcé en mantenerlas vivas en mi piel? Concretamente no lo sé... pero sí tengo muy claro que no quería escuchar a nada ni a nadie; si yo me había ensañado con esa rosa, tenía que ser capaz yo misma de salir de ese embrollo.
Fue recién después de un año (¿pueden creerlo? ¡Un año entero!) de historias que vivían nada más que en mi cabeza, un año de historias inventadas, que logré dejar atrás esa rosa que en su momento me causó tanto dolor y placer a la vez.
Ahora, después de muchas heridas en mi piel, me doy cuenta de que cada rosa tendrá sus espinas, pero estará solamente en mí, decidir si dejaré que me pinchen.
[*.please.hear.what.i.am.not.saying.*]
[¿qué será mañana?]